De esta forma podemos describir al Distrito Federal y al Estado de México.
Aunque el estado de México y el distrito Federal comparten una importante extensión geográfica de la Zona Metropolitana del Valle de México, sus habitantes viven circunstancias diferentes.
Calles iluminadas, mayor seguridad, apoyos económicos a sectores vulnerables, recuperación de espacios públicos, entrega de medicamentos gratuitos, inclusión de los jóvenes en la toma de decisiones colectivas, mejores vialidades y un entorno urbano sustentable con el medio ambiente, son algunas de las comparaciones muy marcadas entre ambas entidades.
Para trasladarse diariamente, los mexiquenses sufren con el deficiente y costoso transporte, mientras que para los capitalinos existen alternativas como trolebús, metro, tren ligero y metrobús, con un precio accesible y una eficaz labor.
En materia de educación pública, los alumnos de las primarias en el vecino estado, no reciben ningún apoyo para mejorar su nivel académico, empero, en el Distrito Federal se otorgan uniformes y útiles escolares gratuitos, desayunos y becas para niños talento; los estudiantes de secundaria reciben apoyos económicos, los de bachillerato integran el programa “prepa sí” y los del nivel profesional tienen como opción ingresar a la Universidad de la Ciudad de México.
Otra diferencia muy marcada, es el tema de los sectores vulnerables. Los pequeños, madres solteras, adultos mayores, personas con discapacidad y jóvenes mexiquenses, carecen de políticas públicas que les permitan mejorar sus condiciones de marginalidad y pobreza. En la Ciudad de México, estos grupos sociales no sólo son apoyados con incentivos económicos, sino a través de esquemas integrales de educación, cultura, deporte, empleo y salud, reciben herramientas para integrarse a la comunidad y fortalecer sus lazos familiares.
Para afrontar una de las principales demandas de la población, que impacta de manera general al país, en la Ciudad de México se han invertido importantes recursos en materia de combate a la inseguridad, como lo demuestra la instalación de miles de videocámaras, la compra de vehículos y la construcción del Centro de Atención de Emergencias (C4I4), uno de los más modernos del mundo, con el fin de disminuir la incidencia y situar a esta capital, como una de las más seguras en el país. Asimismo, en las calles existe mayor presencia policiaca, se trabaja notablemente en la cultura de la prevención del delito y la comunidad tiene como aliado a los elementos uniformados.
Esto no ocurre en los municipios del Estado de México, donde el pan de cada día son los elevados índices de robo al transporte, casa habitación, vehículos y secuestros, aunado a los alarmantes casos de extorsión y corrupción por parte de los agentes.
Para mejorar el entorno, en el Distrito Federal se implementan acciones encaminadas a proteger el medio ambiente, a través de la disminución del calentamiento global y los índices contaminantes, la separación de los resididos sólidos, el rescate de espacios públicos, la plantación de árboles y arbustos, así como la transformación de la imagen urbana en diversas zonas.
Esto no se vive en el Estado de México, donde es muy común observar calles oscuras, sucias, con baches y con una obsoleta infraestructura urbana.
Como vemos, el Estado de México y el Distrito Federal comparten una colindancia geográfica, pero no la misma visión y compromiso social de trabajar por el bienestar de sus habitantes.