El movimiento #yosoy132 ha impactado en la discusión sobre la democratización de los medios de comunicación sobre una vertiente importante. El cerco informativo que se ha creado en torno de la candidatura presidencial del Partido Revolucionario Institucional, se entiende en el contexto de una contienda electoral inequitativa que ajusta la opinión pública a los mejores intereses del contendiente priísta. Esta situación fue expuesta gracias al conocido “incidente de la Ibero”, donde se logró despertar entre la comunidad estudiantil un movimiento que lograría permear a la clase universitaria, que hasta hace pocas semanas había permanecido en un letargo político.
Las redes sociales han representado un catalizador en la incipiente apertura mediática que ha logrado la movilización estudiantil. No es casual que el principal público usuario de estos medios digitales de comunicación sea precisamente el de los jóvenes. Lo que el movimiento #yo soy 132 ha revelado es la nueva naturaleza de las manifestaciones políticas, ha traducido una tendencia virtual en un suceso que ha logrado trascender la territorialización de las movilizaciones sociales. En la actual sociedad de la información, los jóvenes estudiantes se han apoderado de un medio de comunicación cuantitativamente emergente en México, imponiéndolo con el sustento de una base social bien cohesionada, ante los intereses que han exhibido los medios masivos tradicionales.
No cabe duda la relevancia que el binomio “redes sociales - comunidad estudiantil” ha adquirido, lo que ahora es necesario poner en perspectiva es la representatividad de este movimiento respecto a la totalidad de la juventud mexicana. Un breve diagnóstico nos dice que 4 de cada 10 jóvenes de entre 18 y 24 años finalizaron sus estudios de bachillerato o preparatoria; de ellos, la mitad cursa alguna carrera en el nivel superior, de acuerdo a cifras del Sistema de Información de Tendencias Educativas en América Latina (SITEAL). Por su parte, INEGI afirma que de cada 100 jóvenes, 6 tienen entre uno y cinco grados aprobados de primaria, 14 concluyeron la primaria, 36 cuentan con algún grado aprobado en secundaria o estudios equivalentes, 2 aprobaron al menos un grado en estudios técnicos profesionales, 24 tienen algún grado aprobado de bachillerato o preparatoria y sólo 14 aprobaron alguno de estudios superiores. De los más de 29 millones de jóvenes que hay en México, tan sólo el 9 por ciento está matriculado en alguna universidad.
Pese a la variación de dichas cifras, se refleja que sólo un porcentaje mínimo de la juventud mexicana responde al perfil de los manifestantes que integran el movimiento #yo soy 132. Desde esta perspectiva, surge una pregunta pertinente; ¿cuál sería el viraje que debe realizar el movimiento para instalarse entre el gran porcentaje de jóvenes cuya realidad es el desempleo, la paternidad prematura, la falta de acceso a la educación y la pobreza, entre otras muchas circunstancias que aquejan el desarrollo de este sector social?
La agenda inicial de #yo soy 132 se explica desde el propio origen del movimiento: democratizar los medios, para evitar la manipulación de las notas a favor de tal o cual personaje público, en detrimento de la legitimidad de las manifestaciones políticas. El gran reto es ampliar esta agenda, para incorporar demandas que otros sectores juveniles esperan sean atendidas.
La coyuntura electoral presenta la oportunidad de instalar en la opinión y la agenda pública, políticas de empleo y educación para los jóvenes así como una salud sexual y reproductiva más acorde a su realidad cotidiana. Las demandas iniciales por una mayor apertura de los medios pueden ser llevadas a otras latitudes, que contemplen las demandas del “otro” sector juvenil que hasta ahora no se ha manifestado.
La relevancia mediática del movimiento existe y es indudable, el siguiente paso es ampliar su base social con una agenda más amplia, sin convertirse en materia difusa. El papel que los partidos políticos deben asumir ante estas expresiones es de respeto y aprendizaje. Los jóvenes estudiantes luchan por una consigna legítima desde sus circunstancias particulares. La clase política y la opinión pública deberían acrecentar la inercia de #yo soy 132 como punto de partida para discutir los temas que a los jóvenes incuben y que representarán las futuras políticas públicas del gobierno mexicano para este importante sector social.
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